Los aromas influyen en nuestro día a día durante toda nuestra vida, pero ¿cómo?

El legendario maestro perfumista Edmond Roudnitska (1905-1996) al parecer era capaz de distinguir más de 3.000 olores. Nosotros, las personas normales y corrientes, llegamos generalmente a distinguir 500, que ya es un buen resultado y un indicio de lo importante que es el sentido del olfato en nuestras vidas.

Los aromas y sus efectos influyen en nuestra vida cotidiana, muchas veces incluso sin que nos demos cuenta.

Influyen en ella queramos o no. Un buen sentido del olfato nos preserva de peligros como, por ejemplo, de los alimentos podridos o de las fugas de gas. Los aromas actúan contra el estrés, ayudan a relajarse o estimulan y nos aportan nueva energía. Imagínese un mundo sin olores: probablemente sería aburrido y triste. Motivos suficientes para indagar más sobre estas pequeñas maravillas.

Desarrollo y efectos de los aromas

Erich Schmidt se maneja con soltura en el mundo de los aromas. Este perfumista y experto en aromas colabora desde hace años con nuestro departamento de desarrollo en la aplicación de los aceites esenciales y las sustancias aromáticas. Desarrolló su fino sentido del olfato trabajando como agente de compras de sustancias aromáticas naturales. Para valorar su calidad apenas disponía en aquella época de ayudas técnicas, salvo su nariz.

Sr. Schmidt, ¿cuándo empieza a desarrollarse el olfato en el ser humano?
En el vientre materno ya existe el sentido del olfato. Ya allí se establecen las preferencias de la alimentación posterior. A través de los receptores olfativos percibimos los aromas del líquido amniótico. Con el nacimiento y la toma de leche materna se adquieren más conocimientos, y se perciben y aprenden los primeros olores del entorno. De los 18 a los 24 meses los niños experimentan una fase de neofobia, el miedo a nuevos olores y sabores: una protección frente a alimentos dañinos. A los 3 años ya utilizamos totalmente nuestras células olfativas.

 

¿Qué olores nos resultan agradables a los seres humanos?
Cada persona percibe los olores de diferente manera. Nuestras predisposiciones genéticas nos permiten distinguir matices en los olores. Condicionados por la hedónica, es decir, la evaluación individual de la calidad del aroma, a veces incluso divergen mucho entre sí. Un ejemplo: el aroma de la lavanda ofrece generalmente tranquilidad y armonía. Pero si tenemos desarrollada la hedónica, que valora la lavanda negativamente, entonces este efecto ya no se impondrá.

Así pues, ¿por dónde se empieza la creación de una fragancia? ¿Cómo huele, por ejemplo, la alegría de vivir?
El perfumista profesional no puede partir de sí mismo en ningún caso. Está claro que un aroma nunca gustará a la mayor parte de la humanidad. Solo nos podemos regir por lo que actualmente está de moda y percibido como positivo. Se trata de las notas frescas, afrutadas, luminosas y verdes que estimulan y dan vida a los seres humanos. Una sensación que puede asociarse con la alegría de vivir.

Cada día sin experiencia olfactiva es un día perdido.

Erich Schmidt
Perfumista y Experto en aromas


¿Y qué aromas nos dan tranquilidad?
Las notas leñosas florales, suaves y delicadas desprenden armonía, mientras que las notas leñosas secas, herbales, incluso intensas, dan tranquilidad. Sin embargo, debido a las influencias externas, el estrés mental o las limitaciones de salud, el olor que ayer me resultaba tranquilizante, hoy lo percibo como agresivo.

¿Cómo se produce esta acción? ¿Qué ocurre con ello en nuestro organismo?
Los aromas se captan a través de la mucosa del epitelio olfativo y son conducidos a través de los nervios olfatorios y el bulbo olfatorio al sistema límbico. Este es el responsable de los sentimientos, el afecto y también de nuestros bajos instintos. Los aromas pueden ejercer su efecto en las personas de un modo totalmente inconsciente. Por eso se perfuman los vestíbulos de los hoteles, para que los clientes se sientan bien; las tiendas de ropa intentan prolongar con fragancias la permanencia en la tienda. Esto obedece a una condición básica: la fragancia tiene que ser subliminal. En cuanto se la huele de forma consciente, se pone en marcha la hedónica: me gusta o no me gusta.

¿Podemos aprovechar también estos efectos de los aromas e influir en nuestro propio estado de ánimo?
Con total seguridad. Sin embargo, también en este caso intervienen los otros órganos sensoriales. El oído tiene que escuchar la música adecuada, el gusto apreciar el buen vino, la vista ver un paisaje o personas interesantes, la háptica se puede sosegar con el vaso de vino y el órgano del olfato con un pequeño ramo de rosas de té sobre la mesa. La condición indispensable es siempre la salud de la persona, que es cuando los aromas pueden aumentar la percepción de una situación: percibimos con mayor frecuencia sensaciones con aromas que sin; experimentamos un mayor grado de bienestar. Incluso creamos nuestra propia imagen con fragancias.

Los aromas con los que nos acicalamos varían según la procedencia. ¿Cómo se pueden explicar las diferentes preferencias aromáticas?
Las preferencias se forman con la educación, las influencias sociales y las características socioculturales, aunque también las condiciones climáticas y la flora marcan los hábitos en cuanto a los aromas. Nuestro país vecino, Francia, desprende en casi cada sector de la cosmética, desde los productos para el baño hasta el cuidado de los pies o los suavizantes para la ropa, un inconfundible y típico olor a lavanda. El sur de Europa, como España por ejemplo, utiliza, por el contrario, más bien notas leñoso-florales fuertes, pudiéndose reconocer también en esto las diferencias de los distintos países. Asia prefiere las notas verdes florales intensas.

Está claro que las fragancias huelen distinto según la persona. ¿A qué se debe?
Se debe a la genética individual del ser humano. Nuestra piel también es única e influye en los aromas: es, por ejemplo, un importante generador de feromonas. Ya solo con esto cambia la fragancia que llevamos. La alimentación, el movimiento, la higiene y hasta las enfermedades de las personas influyen además en la estructura cutánea y con ello en el olor. Por ejemplo, un mismo aroma puede producir en diez sujetos de prueba diez percepciones distintas del olor. 

 

¿Cómo se transforma el sentido del olfato a lo largo de nuestra vida?
Con la edad se va perdiendo el sentido del olfato. La deshidratación ejerce un papel importante. La falta de agua reduce la mucosa olfativa, lo que disminuye la capacidad olfativa. Una causa importante es además la falta de “entrenamiento”, es decir, la captación consciente de olores, su reconocimiento y valoración. Las rutinas, que el cerebro siempre procesa una y otra vez, se desconectan con el tiempo si las utilizamos con poca frecuencia. Ejerciendo el olfato de forma constante se puede retrasar este proceso durante largo tiempo. Se dice que el sentido del olfato es el último sentido que abandona al ser humano al morir.

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